Casa Chao premiada en la XIII Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo.

Casa Chao premiada en la XIII Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo.

La arquitectura debe explicar la continuidad de las necesidades vitales y construir el paso de una a otra, el cambio.
Si da un paso atrás, no es real, sólo recuerdo. No creemos en el debate forma-función sin su origen: el significado.
Antes que objeto o esquema, se trata de intervenir en el espacio habitado, en la secuencia. En ello reside nuestra preocupación por la historia del lugar y su gente.
Contextualizar la obra no puede ser una justificación. La aproximación no es un proceso de plegado ante lo existente, sino un compromiso que no renuncia a descubrir otros espacios y otra arquitectura.
Nuestro trabajo no es diferente al de profesionales que ponen en tensión los materiales y objetos que utilizan, resolviendo enlaces y saltos entre elementos.
Nos gusta pensar en una arquitectura hecha mediante nudos, aunque sean aire o luz, que permita que el uso y la actividad contemporánea fluyan por ellos.
Creemos que en el lugar siempre hay arquitectura y que la acción más básica puede ser la de elegir, la selección de lo que existe como parte de la obra o como la obra misma.

Restaurante OFragon

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Nos interesa la memoria como acontecimiento que resume un sistema constructivo, una forma o un cambio inesperado. No borrar huellas y no renunciar a descubrirlas es un valor que referencia en el tiempo la obra y permite que lo nuevo nazca con más fuerza. Sin referencias, ni memoria, ni orden, preferimos aceptar el valor del vacío y desintegrar la arquitectura si es preciso, a utilizarla como un centro que imponga forma y orden definitivas. Lo que no está debe ser una esperanza.
En el territorio, la planificación ha usurpado el valor de tiempo de la arquitectura, decidiendo sobre la probabilidad sin más argumentos que el texto y el límite. Con ello se frustra el disfrute y la significación colectiva del habitante que termina en la apropiación individual del espacio, su consumo.
Nos preocupa el espacio social, de él nacen el lugar y el contexto real que mide las exigencias y los parámetros de intervención. Estrategia y proceso constructivo deben cualificar el espacio y la obra a través de la participación, no de la imposición.
No somos los únicos creadores. Las obras no son nuestras. En la arquitectura importa más la ofrenda, la posibilidad, que la posesión y el control. Por eso entendemos la institución como verdadero espacio para las libertades sociales.