Hace más de 120 años un grupo de religiosas llega a Buenos Aires y funda lejos de la contaminación del centro de la cuidad, una institución dedicada a la recuperación de la salud. Un clima sano para disfrutar y restablecerse.

¿Cómo hacer de un lugar un hogar?

Desde aquí partimos, haciéndonos esta pregunta 120 años después de la construcción del espacio a intervenir. Entre 3.000 m2 de claustros, galerías, color y vegetación elegimos el espacio que será el lugar de encuentro y de descanso de Casa Foa, donde antiguamente funcionaban la cocina y su quinta.

El proyecto apunta a resignificar la herencia del convento desde el diseño contemporáneo, con el fin de crear una narrativa espacial que se irá develando a medida que se descubre el lugar.

Una experiencia sensible a través de un recorrido pensado para vivirse como un plano secuencia de una película, una toma sin cortes durante un tiempo dilatado a través del espacio en su totalidad.

Al ingresar, una estructura envolvente 360 grados invita al visitante a recorrer el espacio interior, girar y descubrirlo. A su vez actúa como filtro, genera profundidades visuales, potencia fugas en el espacio y lo contiene resultándolo en infinito. También cumple la función de iluminar, de armar la cocina y los espacios de sentarse, ofrece al visitante espacios de guardado para favorecer la comodidad y el descanso.

Los materiales usados reinterpretan a los originales, replican un corte en altura y las texturas descienden desde el cielorraso hasta la trama formada por tres modelos de porcelanatos engamados de diferente tamaño y terminación, que actuarán como un patrón constante en la obra.

El paisaje entra en la escena desde el principio a través de los ventanales y puertas originales de la cocina. Un camino contenido por medianeras nos transportará a lo que hasta hace un tiempo fue un lugar de sanación para las hermanas de la congregación. Este jardín, recrea un ecosistema de espíritu salvaje, donde el paisaje se convierte en un lugar de fuga, en este caso del contexto urbano, e invita al descanso y la contemplación. Para ello se seleccionaron un mix de herbáceas y gramíneas que adoptarán un rol protagónico y convivirán aleatoriamente o en bloques. La vegetación se dispone como un collage dando lugar a transparencias, espirales, plumas y paletas de colores que irán mutando con el paso del tiempo y las estaciones.

Encuentros actuales, contenidos dentro de la escala de pasaje salvaje y de época, tejen en un mismo espacio el presente y el pasado, generando un nuevo escenario de encuentros tramados.