En la parte alta de la ciudad de Belfort en Francia y retirado hacia el bosque, se encuentra el Conservatorio de Música, Danza y Artes Dramáticas Henri Dutilleux, formando el límite periférico al final de la zona edificada. Haciendo eco al paisaje abierto, se enfrenta al León de Belfort, escultura construida en 1879 como símbolo de resistencia al enemigo y situada en la cima de una elevación opuesta al conservatorio. En este fuerte contexto, el edificio proporciona solidez, constituyéndose como una masa casi opaca de hormigón gris. En la piel del edificio, pintura goteada en dos tonos de azul crea una textura inusual que hace alusión a las plantas o al mármol, generando, a su vez, una sensación de profundidad y espesor. De este modo, las superficies vibran a la luz al parecer en movimiento, logrando que la materia abandone el aspecto estático.


El edificio condensa un programa con volúmenes y niveles muy variados que se relacionan entre sí. Consta de dos auditorios, un teatro, una sala de baile, una biblioteca, aulas, oficinas administrativas y una serie de estudios cuya acústica está diseñada para adaptarse a un instrumento específico.
El hall de entrada está en una escala inesperada, mientras que la biblioteca parece estar suspendida, definiendo la sección transversal que actúa como un deflector gigante. El patio central es la zona más oscura: su color y diseño de goteo negativo revierten los códigos de la envoltura exterior, conformando la máxima expresión de densidad.